La Columna de @damian_jones
Antes de Morning había entrenado a Colón de Santa Fé con resultado desastrozo de la mano del Chemo del Solar, pero su curriculum dice que fue pichichi del fútbol español jugando por el Tenerife en 1995-96 y que hizo dupla con Ronaldo en el Barça, por lo tanto uno espera que sea un técnico que guste del ataque, que ponga a tres o dos delanteros y al menos dos creativos que los alimenten, pero no, el goleador de antaño se planta con un noventero 4-4-2, que cuando lo apuran, casi siempre, se convierte en 4-5-1 y no tiene ningún problema en empezar a aguantar una diferencia de un gol al minuto 60.
Pese a todo el equipo gana, no gusta, pero gana y llega la debacle, el partido importante, contra Colo Colo, resultado, desastre, cambia el esquema, pone al tronco argentino de turno que da jugo y cuando da con el esquema y el equipo levanta es demasiado tarde, quedan 5 minutos, 3-2. Pero ese no es el momento más duro, al partido siguiente, en nuestro estadio frente a La Serena, Pizzi saca a Gutiérrez y pone a Arruabarrena, resistido por la hinchada, para aguantar el partido, con un delantero, colgándose del palo después de haber sido boleteados por Colo Colo la fecha anterior. La gente no aguantó, me incluyó (estaba en Mario Lepe) y comenzó a cantarle “Oh, Pizzi ya se va”. Pizzi puso su cargo a disposición de Estévez y pidió apoyo, que llegó en un escueto comunicado en el que se pedía “Apoyo de la hinchada para el equipo”, no para el técnico.
